Silvia's profileSilvara y su guitarra.PhotosBlogListsMore ![]() | Help |
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February 09 El entierro de la sardina.Creo que era miércoles, no? Una tarde que podría haber sido gris o soleada y yo no habría notado la diferencia; Una noche que, supongo, sería fría... o váyase usted a saber, con estos inviernos madrileños tan raros que tenemos. Un día cualquiera pero nunca un día más. En lo más profundo de la calle Fuencarral un macabro desfile bajaba por las escaleras. Estaban enterrando a la sardina, doña Cuaresma despedía a don Carnal no sin antes emplazarle, más o menos al año siguiente, para seguir dirimiendo cuentas pendientes...
Dos náufragos ajenos al drama se miraban al calor de la lumbre de sus naves, recién varadas en las arenas de una playa de esas que en Madrid sólo pueden soñarse. No era tan difícil pero lo era. Tras kilómetros y kilómetros de conversaciones en paralelo, las vías se cruzaban en el camino, dejando una única alternativa que era, a la vez, la más sencilla de tomar y la más complicada, la más valiente y la que más miedo daba... Solos, las naves consumidas y un festivo entierro a sus espaldas.
Madrid no tenía luna camino de la Gran Vía. Creo que era Nueve de Febrero y podría haber estado sonando de fondo esta canción:
EL ROCANROL DE LOS IDIOTAS (J.Sabina)
Yo no tenía ganas de reir,
tú reías para no llorar; yo le guiñaba un ojo a mi nariz, tú consolabas a tu soledad. Yo sin ninguna escoba que vender,
tú con mil y una noches que olvidar; a mí no me quería una mujer, a ti se te moría una ciudad. Tú habías perdido el último autobús,
a mí me habían hechado de otro bar; los mismos alfileres de vudú, el mismo cuento que termina mal. Pero quiso el cielo
bautizar el suelo con su gota a gota y con champú de arena para tu melena de muñeca rota y tu mirada azul me dijo a cara o cruz y mi alma de tahur lo puso a doble o nada. Y los peces de colores de mis botas
y tus marchitos zapatitos de tacón locos por naufragar salieron a bailar al ritmo de la lluvia sobre las capotas el rocanrol de los idiotas. Yo no venía de ningún país,
tú ibas camino de cualquier lugar; conmigo no contaba el porvenir, de ti no se acordaba el verbo “amar”. Yo no jugaba para no perder, tú hacias trampas para no ganar; yo no rezaba para no creer, tú no besabas para no soñar. Y sin equívocos de vodevil
ni alertas rojas en el corazón el dios de la tormenta quiso abrir la caja de los truenos y tronó, porque quiso el cielo acariciar el suelo con su gota a gota y con champú de arena para tu melena de muñeca rota. Qué disparate de
partida de ajedrez con un partenaire adicta al jaque mate. Y tu bolso como un nido de gaviotas
y mi futuro con pan duro en el cajón locos por naufragar salieron a bailar al ritmo de la lluvia sobre las capotas el rocanrol de los idiotas. Capeando el temporal
salieron a bailar como dos locos bajo el chaparrón de notas del rocanrol de los idiotas. El rocanrol,
el rocanrol de los idiotas. Como tu y como yo. El rocanrol de los idiotas. Se marcó la calle
con aquel detalle de dejarnos solos. El rocanrol de los idiotas. Y por casualidad
comenzó a tocar la flauta de Bartolo. El rocanrol de los idiotas Dos años y poco más que añadir que no sea obvio. Por que sean muchos más.
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