Silvia's profileSilvara y su guitarra.PhotosBlogListsMore Tools Help

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    August 06

    Mi nombre es Marc.

    - Mi nombre es Marc. Mi nombre es Marc.
    Ella apagó su pequeño reproductor musical y un silencio lleno de murmullos volvió a llenar el vagón del metro, sustituyendo los traqueteos a las guitarras que un momento antes atronaban sus oídos.
    El tipo vestía un impecable traje gris, corbata perfectamente anudada al cuello, enormes y brillantes zapatos negros. Era su mirada lo que no encajaba con el resto de su porte , hasta cierto punto elegante. Esquiva, incapaz de quedarse fija en un punto, sin dar tregua a unos ojos oscuros que destilaban una agresividad muy poco racional.
    A ella le pareció un tipo malencarado, molesto tal vez por algo o alquien que estuviese dentro del vagón. Miró a derecha e izquierda pero la vacilante y a la vez llena de determinación mirada de él no le permitía adivinar qué era lo que le hacía manifestar de forma tan ostensible su disgusto. Tal vez había dicho: "Huele mal"... 
    - Mi nombre es Marc.
    Así, sin más, como si alguien entre los viajeros que, atentos a sus cosas, ni siquiera le miraban, se lo hubiera preguntado.
    - Mi nombre es Marc.
    Como si salvaguardar ese pedazo de su identidad fuera en ese momento lo único importante en el mundo. Casi como si tuviese miedo de perderlo, de que alguien de entre toda aquella gente pudiera arrebatárselo.
    Ella dudó, con la mano en el botón de inicio, pendiente de aquella mirada que, ahora se daba cuenta, parecía esconder un patético miedo en su pretendida agresividad, en su proclamación a la par torpe en la dicción y orgullosa en el tono.
    Junto a él una mujer mayor, una dama salida de otro tiempo, que en voz baja parecía refrenar sus ansias, contener la  proclama y la búsqueda a la que casi todos los viajeros permanecían indiferentes.
    - Mi nombre es Marc. Marc. Mi nombre es Marc.
    Como si fuese importante que todos lo supieran, como si no quisiera olvidarlo él mismo. Como si se sumiera en un silencio eterno en el que, de cuando en cuando, la luz de su nombre le devolviese el mundo, le hiciese aferrarse a lo poco  o mucho que era, que había sido, que le quedaba.
    La mujer mayor le sonreía con benevolencia, con cansancio, tal vez con un punto de resignación.
    La chica se levantó al llegar su parada. La mirada del tipo la intimidaba pero ya no le parecía amenazadora. Ahora sólo le inspiraba un profundo desasosiego.
    El rock volvió a engullir los sonidos habituales del suburbano. La música fue incapaz de dejar de lado la última llamada de auxilio.
    - Marc. Mi nombre es Marc.
     
    El metro de Madrid no vuela, pero está lleno de historias. Algunas son incluso poéticas e inquietantes. Llevad siempre los ojos abiertos...